Este mundo pareciera cada vez mas caótico, sin embargo, unos viven bien mientras que otros sufren sus peores momentos. Nadie nace perfecto en este medio incierto. El tiempo se va y otro tiempo viene. El nacimiento de una empresa es similar al de un bebé: desarrolla sus actividades adaptándose a todo tipo de cambios circunstanciales. Hablar del negocio es sinónimo a hablar de las relaciones humanas que desarrollan en sus actividades, igual que las relaciones que va forjando el pequeño ante su entorno, en su proceso de desarrollo de acuerdo a los valores de su familia y de su sociedad. Todo tiene un inicio, un proceso y un final, igual que los ciclos del desarrollo de la naturaleza. El tiempo nos permite ver las cosas, el tiempo nos revela los resultados de lo que hacemos oportunamente o fuera del momento adecuado. Elegir un camino es renunciar a las demás opciones, igual que el nacer en una época es no tener la posibilidad de desarrollarse en otra. Los negocios tienen su momento y ahora vemos en nuestro entorno cómo la velocidad de cambio de los mismos hace que aparezcan y desaparezcan en un alto porcentaje, con un alto costo monetario y emocional. Es por esto que antes de iniciar una empresa, es tan importante saber cómo analizar el momento (tiempo) y el lugar en dónde debe desarrollarse (espacio). Es el cruce oportuno del tiempo y el espacio lo que facilita el éxito. Hay que estudiar y aprender del pasado para poder diseñar el futuro. Es la filosofía en los negocios lo que permite visualizar un panorama suficientemente amplio como para saber en dónde estamos y hacia dónde debemos dirigirnos.